Estos días todo el mundo se ha enterado que esta mujer ha escrito un libro sobre la maternidad, y se ha enterado todo el mundo gracias a las perlas que ha soltado sobre ello. No sé por qué la gente se siente tan ofendida, ella solo quiere vender el libro ya que hoy en día el mundo editorial es tan competitivo, que supongo que su versión de maternidad en menos de un año de madre tiene mucho que aportar al mundo y que tiene 2 bocas que alimentar.

Me ha parecido una crack del marketing, ha hecho suyo el lema: » Que hablen aunque sea mal». Pienso que sabía la repercusión que tendrían sus palabras sobre todo en un mundo tan talibán como es la maternidad.

Cada persona tiene unas vivencias y creencias y no entiendo tanto revuelo. Supongo que la gente está ofendida porque una persona que seguramente pueda o tenga ayuda en casa para criar a sus hijos no debería decir esas palabras en cuanto a la pérdida de calidad de vida. Quizás en otro momento histórico, donde no se llevase casi 10 años de crisis y dónde hay familias que no tienen ni para calentarse en invierno, decir esas palabras dañan, no por el lado de la maternidad sino por la conciencia social que tanto ha intentado mostrar en su programa de 21 días…

Como madre con un poco más de antigüedad que ella entiendo en el torbellino de sentimientos en el que está inmersa, el primer año es muy duro pero de repente pasa y se queda en la memoria como una nebulosa de recuerdos. Estamos acostumbradas durante muchos años a ser el centro de nuestra vida, independientes, sin horarios, pudiendo dormir del tirón y de repente una personita de pocos kilos hace que todo cambie de forma radical.

De todo esto te advierten pero siempre piensas que la gente exagera, y no crees que sea tan duro, pero llega ese día en que te han salido ojeras de tres capas, llevas una sudadera con manchas por todas partes y un moño un-do pero de los de verdad (no de los de Pinterest). Por supuesto que ya no tienes tiempo para bajar con tu marido/novio a  las 11 de la noche al japo de al lado improvisando la cena porque no te apetece cocinar, ahora si a esa hora no has cenado y has conseguido dormir a la bestia te vas con ella a hacer lo mismo y sin cenar.

Me costó acostumbrarme el primer año que mi vida había cambiado e intentaba llevar al bebé a todas partes conmigo, ahora a los 18 meses ya hemos aprendido y si queremos ir a cenar con amigos la dejamos con los abuelos, porque sino se tira la cena llorando y no deja cenar ni a nosotros ni a los amigos ni al resto del restaurante. Ahora salimos mucho menos de lo que lo hacíamos antes y dependemos de «canguros» pero no considero que haya empeorado la calidad de vida, ha cambiado simplemente.

Pero hija, Samanta, creo que a tu edad la maternidad no te tendría que quedar grande, supongo que tanto que la deseaste la idealizaste y se te olvidó la parte «fea». Como madre que soy, perdono tus palabras y supongo que cuando cumplan un año y pico tus retoños hagas otras declaraciones diferentes porque empezarás a apreciar las bondades de tu estado, te darán besos, abrazos y dirán mamá y se te caerá la baba y eso compensa cualquier cosa de tu vida anterior.